Es la circunstancia más normal. La vida sedentaria, una alimentación errónea donde se come lo que gusta y no lo que se necesita, conducen a un aumento de peso.
Existen otras circunstancias donde la grasa acumulada en ciertas partes del cuerpo, afea la figura. En estos casos es mas difícil resolver satisfactoriamente el problema. Depende de un problema constitucional.
Las mujeres tienen tendencia a tener la cadera más ancha desde el punto de vista anatómico, quizás como consecuencia de los embarazos o de estar preparadas para ellos. Esta situación favorece el acúmulo de grasa en ciertas partes, con una tendencia a extenderse hacia las extremidades inferiores. Es el llamado cuerpo de pera, estilizado y normal de medio cuerpo para arriba y de vientre-cadera para abajo, aumenta considerablemente de grosor, incluyendo las piernas.
Existen también mujeres obsesas con su figura, que no aceptan que su cuerpo es como es y que no hay remedio, ni siquiera quirúrgico para solucionar sus problemas. En estos casos una terapia psicológica de aceptación de su figura se hace necesaria.
En toda pérdida de peso hay que:
Reconducir el hábito alimentario. La mayoría de las veces se come poco pero lo que se come es lesivo para nuestro organismo.
Crear un sistema de alimentación que impida volver a ganar peso.
Todo ello se consigue haciendo ejercicio físico, moviendo nuestra circulación diariamente.